Pensé en aquellas largas noches cuando miraba las estrellas del cielo y maldecía a los dioses porque mi alma libre no podía atravesar los vastos abismos que eran inaccesibles para mi cuerpo. Conjuré arcaicas blasfemias, y terribles sentencias contenidas en el papiro de Demócrito; pero conforme mis memorias aparecieron, me estremecí en un temor más profundo, pues sabía que estaba solo, aterradoramente solo.
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